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LeBron James y la maldición de Wilt

Por Alberto de Roa(NBA Maniacs)
San Diego, la ciudad más poblada de Estados Unidos sin un equipo profesional de baloncesto, será el escenario en el que LeBron James disputará su primer partido con los Lakers. El debut llegará este domingo con una expectación máxima pese a disputarse en un mercado maldito para la NBA, donde ni Rockets ni Clippers sobrevivieron más de 6 temporadas antes de marcharse a otras ciudades.
El hoy conocido como Valley View Casino Center de San Diego, inaugurado en el lejano 1966 y sede de las dos experiencias NBA en la ciudad, espera un lleno absoluto en su aforo de 14.500 personas. El resto de la gira de pretemporada de los Lakers, con dos partidos en Los Angeles y tres también en ciudades sin NBA durante la temporada regular (Anaheim, Las Vegas y San Jose), también espera un escenario similar.
Y sin embargo, todo parece algo más descafeinado que en otros debuts de LeBron James. El número 1 del draft de 2003 llegó a los Cavaliers por primera vez como “The Chosen One”, el elegido para llevar al equipo de su estado natal a la relevancia perdida en los años anteriores. En Miami, la expectación fue descomunal en una ciudad cuyo interés por el baloncesto había sido esquivo en ocasiones. Su masiva presentación junto a Dwyane Wade y Chris Bosh (pese a su exagerada y no cumplida promesa de ganar 8 campeonatos) fue de las más memorables que esta liga ha vivido.
De vuelta a Cleveland, con el pecado de “The Decision” más que perdonado, la emoción también fue evidente en el regreso del hijo pródigo, especialmente sumado a la presencia de una segunda estrella como Kyrie Irving. La recompensa por ese entusiasmo: el único campeonato de la historia de la franquicia y cuatro visitas consecutivas a las Finales.
En Los Angeles, más allá del impacto inmediato tras consumarse su fichaje por los Lakers, la reacción ha sido más templada. Quizás por tener demasiado fresca la era Kobe, quizás por la falta de grandes aspiraciones a corto plazo, quizás por llegar en la teórica cuesta abajo de su carrera, todo tiene un cierto aire burocrático. Y no ayuda cuando LeBron James tiene que enfrentarse a preguntas como esta:

“¿Cómo esperas ganarte la lealtad y el respeto de la afición de Los Angeles?”. La respuesta, mezclada con incredulidad, fue obvia cuando el jugador ni siquiera ha tenido la oportunidad de jugar un partido con público: “He firmado un contrato de cuatro años, ¿qué más quieres que haga?”.
La maldición de LeBron James, seguramente ya asumido para alguien que conoce bien la historia y el legado de los jugadores que llevaron un día el peso de la liga, es saber que su techo en Los Angeles se llama Wilt Chamberlain. Otros integrantes del santoral púrpura y oro, desde Elgin Baylor y Jerry West hasta Kobe Bryant, pasando por Magic Johnson y James Worthy, vieron sus carreras nacer y morir en Los Angeles. Kareem Abdul-Jabbar llegaría tarde, pero en 14 años tuvo ocasión de hacer que la mayoría olvidara sus inicios profesionales en Milwaukee, especialmente cuando ya fue “angelino” en sus años universitarios con UCLA.
Pero, como Wilt Chamberlain con Philadelphia, desligar la carrera de LeBron James con Cleveland es imposible. Al igual que Miami en su día, Los Angeles quedará inevitablemente como una ciudad secundaria en su carrera de jugador. Chamberlain ayudó a ganar el primer campeonato de la franquicia fuera de Minneapolis y su número 13 estará colgado para siempre en cualquier pabellón en el que juegue como local. Pero su efecto en el imaginario colectivo de los aficionados de los Lakers siempre estará un peldaño por debajo.
Eso no quita que la expectación por ver a LeBron James será enorme. Pocos querrán perderse el principio de una historia para contar a los nietos. Pero el reto para la nueva estrella de los Lakers es que el apoyo de la afición sea tan ruidoso como lo fue en Cleveland y en Miami. Ser solo la nueva atracción de Los Angeles no es suficiente. Ser su nueva pasión es el gran desafío.

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